Sociedad 23-06-2009 - 583 Palabras

(Delgadez)

 

EL ÚLTIMO GRITO

 

—¿Así está bien?

­—No, dos o tres kilitos más.

—¿Así?

—Sí, pero dale un poquito más de cadera. Tiene muy poco.

—La engordé bastante, ¿no?

—¡Sí! Perfecto. La mujer ideal.

 

El diálogo consignado arriba es imaginario, pero factible. Los personajes son el editor fotográfico de una revista y un fotógrafo sentado frente a la computadora con el Photoshop abierto. Y antes de que se imagine cualquier cosa, lector, le informo que la mujer que ambos necesitan rellenar por falta de material de origen es una modelo profesional.

 

La revista, por cierto, es Vogue.

 

Si las modelos son demasiado delgadas para las páginas de una revista de modas líder en todo el mundo, hay algo que anda mal. Generalmente no se les pide a ese tipo de publicaciones que velen por la salud y la buena alimentación de la gente, sólo que no se excedan en su, digamos, promoción de ideales inalcanzables, como el de una delgadez extrema, frecuentemente lograda mediante el retoque fotográfico.

 

Ahora, incluso para Vogue es demasiado, y no por un impulso hacia lo saludable sino porque los productos del size-zero (chicas escuálidas, tendientes a la incorporeidad) ni siquiera resultan atractivos.

 

En un acto que no sabemos si estaba destinado a permanecer privado o fue pensado para que se “colara” a los medios de comunicación, la directora de Vogue en Gran Bretaña, Alexandra Shulman, les envió a los principales diseñadores de modas (Versace, Balenciaga, Yves Saint-Laurent, Prada) una carta en la que se quejaba de que la ropa de las nuevas colecciones no les entra a las modelos “estándar”. En ese envío, Shulman decía que la revista frecuentemente tiene que retocar las fotos porque se ve obligada a contratar modelos “huesudas, sin pechos ni caderas”, ya que las chicas de aspecto más saludable no pueden calzarse la nueva indumentaria.

 

“Ya hemos alcanzado el punto en que muchos de los talles de ejemplo [que recibe la revista para sus producciones fotográficas luego de los desfiles] no les entran confortablemente incluso a las modelos establecidas como estrellas”, escribió Shulman.

 

Así, la editora identifica a los diseñadores, con su fuerte influencia en los deseos y necesidades de mujeres de todo el mundo, como una causa de la emergencia de este tipo de modelos cuya imagen no resulta deseable al natural y debe ser mejorada por computadora.

 

Las respuestas a favor y en contra no se hicieron esperar. Muchos apoyaron la posición de Shulman y despotricaron contra los diseñadores; muchos otros criticaron a la editora sospechando una maniobra de autoposicionamiento frente a la opinión pública.

 

El diseñador Kinder Aguggin incluso invirtió las cargas al decir, en un artículo en respuesta a su carta, que, “si mañana todas las revistas, agencias de modelos y estilistas usaran chicas más grandes, los diseñadores también lo harían”. Y ahí está el debate: unos y otros se echan mutuamente la culpa.

 

El último grito de la moda parece ser un grito de hambre. Al menos tres modelos han muerto por complicaciones de salud relacionadas con la desnutrición y en varios países se han prohibido los desfiles de modelos que no alcancen ciertas proporciones mínimas. Pero la tendencia sigue siendo a lo poco saludable y a lo irreal. Millones de mujeres en todo el mundo suspiran ante las páginas satinadas de las revistas de moda, sin sospechar, tal vez, que las imágenes que ven no son las que tomó la cámara, sino las que surgieron de diálogos como el que encabeza esta columna.

 

Sebastián Lalaurette

sociedad@agenciamp.com.ar

Agencia MP