Sociedad 07-07-2009 - 580 Palabras

(Gripe A)

 

VIRALIDAD

 

Tal vez lo más llamativamente viral en la epidemia de gripe A que por estos días hace foco en nuestro país no sea el contagio físico de la enfermedad. A esta altura está claro que la psicosis producida por la amenaza de ese invisible bichito es bastante temible por sí sola, no porque tenga nada de mortal sino porque nos obliga a convivir con un miedo colectivo que, como suele suceder en estos casos, tiende a sacar lo peor de nosotros.

 

De muy poco sirven, en efecto, la insistencia oficial en el bajísimo índice de mortalidad de esta nueva afección, la palabra autorizada de los especialistas, el llamado a la racionalidad ante la evidencia de que el virus AH1N1 está muy lejos de ser una criatura hiperresistente diseñada para exterminar a la especie humana.

 

Las farmacias no dan abasto con la demanda de barbijos, a pesar de que su eficacia para contener al bicho es casi nula, ni con la de alcohol en gel, por más que  Jorge La Torre, el virólogo abocado a la elaboración de una vacuna, repita hasta el cansancio que el viejo y querido jabón de tocador es más que suficiente para deshacerse de este "virus de porquería".

 

Los medios de comunicación no podemos alegar una inocencia total en esto. La cobertura del avance de la epidemia ha sido pródiga en el recuento de casos mortales y en el relevamiento de la desorientación ciudadana respecto de la flamante cepa de influenza, y eso está muy bien; pero no ha enfatizado bastante lo nimio del barbijo y el gel, la gran cantidad de personas que contrajeron la gripe A y se curaron sin haber sufrido complicación alguna ni la baja incidencia de casos fatales de esta afección respecto de otras que ya estaban con nosotros.

 

El objetivo de esta columna no es minimizar el peligro que supone la epidemia en curso. Hay que señalar la conveniencia de evitar la propagación del virus suspendiendo los eventos de concurrencia multitudinaria, algo que desde hace varios días se está haciendo en buena parte del país. También hay que insistir en la necesidad de que las mujeres embarazadas y las personas con problemas respiratorios se aíslen del posible contacto con enfermos. Sin embargo, no es bueno dejarse dominar por la psicosis: esto no es "La peste" de Camus, no asistimos al fin del mundo ni nada parecido.

 

Es, por otra parte, difícil imaginar que esta especie de autorreclusión social, que tan bien funcionó en un Méjico caluroso, pueda extenderse aquí durante todo lo que queda del invierno. En la criticada reticencia de las autoridades a disponer suspensiones de diversas actividades opera la estimación de que el AH1N1 estará entre nosotros por más de quince días, el plazo de suspensión dispuesto por diversos municipios y organizaciones.

 

Cuando esos plazos empiecen a vencer tal vez haya que prorrogarlos, algo que generará resistencias sobre todo de parte de los responsables de locales gastronómicos y de esparcimiento, que ya están viviendo un mes desastroso.

 

Así estamos. Y parece que así seguiremos por un tiempo. Habrá que mantener la calma y atravesar con precaución, pero sin pánico, este invierno atípico que nos brinda maravillosas justificaciones para la generalmente culposa inclinación a quedarnos en casa, incluso en una cama calentita.

 

Habrá que esperar a que llegue la primavera con su calor y color y sus pájaros y abejas y flores y nuevamente la amenaza del dengue. Pero ésa es otra historia.

 

Sebastián Lalaurette

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Agencia MP