Sociedad 14-07-2009 - 583 Palabras

(Muertes)

 

ASÍ DE SIMPLE

 

Lo primero que uno se pregunta es cuánto de operación política tendrá la noticia: proviene de un diario claramente oficialista y menciona en el propio título a Mauricio Macri, adversario del gobierno nacional y, en general, de la progresía pampera. Y como eso es lo primero que uno se pregunta, lo segundo que uno se pregunta es en qué punto del camino perdió el corazón, es decir la capacidad de horrorizarse ante datos como el que esa nota proporciona.

 

Porque decir que durante el gobierno de Macri murieron 113 personas que vivían en la calle es decir, primero y antes que nada, que murieron 113 personas que vivían en la calle. ¿Habrían muerto igualmente si la ciudad hubiera estado gobernada por Ibarra, Telerman u Olivera? La pregunta es ociosa: quien gobierna es quien gobierna y el hecho es que murieron 113 personas que vivían en la calle. Así de simple, así de horroroso.

 

Detrás de las historias reflejadas por el diario de marras (la del Colo Puerta, la del Gendarme Hugo, las de los ucranianos Igor y Andrés, la de Julio, la de Martín) hay siempre un largo período de abandono antes de la muerte, una especie de antesala estrecha construida con los ladrillos de la desidia oficial. Antes y después, impotencia: la de las personas que los conocieron y los vieron morir, la del lector que se aproxima a esas historias desde la comodidad del living o de la oficina con el diario abierto en esa página, una nota más.

 

Según a quién se le pregunte, nos informa esa nota, en la ciudad de Buenos Aires hay entre ocho mil y quince mil personas viviendo en la calle. Cada invierno se lleva a una parva de ellas: mueren congeladas, descompensadas, solas o rodeadas de gente. Ante esas cifras, 113 muertes en dos años suenan como una consecuencia lógica: la consecuencia de un sistema que excluye y, acto seguido, abandona.

 

No creemos, como parece creerlo el diario, que la culpa sea toda de Macri. La ineficacia de las políticas paliativas de las situaciones de pobreza extrema tiene mucho que ver con un descuido o un desinterés por parte del Estado nacional. Es por eso que lo primero que conviene hacer es separar la noticia de su título. Las 113 personas que murieron no son las primeras ni serán las últimas: antes y después del actual gobierno, ocuparse de ellas será una cuestión de Estado, de los diferentes Estados involucrados.

 

Pero no sólo de ellos. Las historias de la gente de la calle no sólo repiten episodios de desidia oficial (subsidios que no llegan, techo para sólo una parte, atención médica deficiente o ausente), sino también la terrible realidad del desempleo, la imposibilidad de conseguir un trabajo que permita llevar una vida decente, sostener, si no una casa, al menos un cuerpo estable. Estas personas sucumben en el frío porque no han logrado ubicarse en ningún lado. “Ubicarse”, aquí, en el doble sentido de conseguir un empleo y de fijar la existencia en un lugar. Un lugar que no sea un portal o un banco de plaza o debajo de un puente.

 

Son miles y están esperando que, como sociedad, hagamos algo. En principio, verlos: saber que están ahí. Y después, como mínimo, exigirles a las autoridades que, con nuestro dinero, hagan algo por ellos. Involucrarnos personalmente tampoco estaría mal pero, asumida ya la escasa receptividad a esta propuesta, pidamos lo mínimo: no cerrar los ojos.

 

Sebastián Lalaurette

redaccion@agenciamp.com.ar

Agencia MP