(Población - Crecimiento)
La idea es simple y
precisa. Es también autoevidente, pero a pesar de eso no se la puede formular
sin iniciar una polémica acalorada. La hemos mencionado en algún momento, pero
ahora es un naturalista respetado quien la enuncia, así que vamos a
considerarla nuevamente. El crecimiento de la población humana, viene diciendo
David Attenborough, “asusta”, porque no sólo amenaza a la vida salvaje sino
también a la propia especie humana.
Bien conocido por sus
apariciones en televisión, donde ha conducido ciclos y documentales sobre la
naturaleza, últimamente Attenborough se ha concentrado en luchar contra la
superpoblación. Es el vocero del Optimum Population Trust, una entidad que
impulsa la reducción poblacional en Gran Bretaña, de donde es oriundo el
naturalista. Sus palabras, sin embargo, tienen impacto global.
La lógica de
Attenborough y de otros conservacionistas que advierten sobre los peligros del
exceso de población es simple: no hay forma de evitar la pesadilla maltusiana
(hambrunas, destrucción del medio ambiente, crisis de energía, guerras
territoriales, cambio climático, crimen, epidemias de alcance mundial) si no
dejamos de reproducirnos a este ritmo. Puede argumentarse que la superpoblación
es la base de gran parte de los problemas más graves de la humanidad. Y la
única solución es dejar de tener tantos hijos.
Ya somos demasiados, y
el problema es que cada vez somos más. En un mundo que rápidamente se achica,
que ya se ha achicado más allá de lo previsible, la reducción del ritmo de aumento
de la población es inevitable; la cuestión, claro, es si lo haremos nosotros o
lo hará la naturaleza misma.
Albert Bartlett,
profesor emérito del departamento de Física de la Universidad de Colorado, se
ocupó del tema en una conferencia titulada “Aritmética, población y energía”.
En ella, abunda sobre la presión del crecimiento constante de la población
sobre los recursos naturales y económicos. “El crecimiento cero de la población
va a ocurrir. Nos guste o no, va a ocurrir. La pregunta es si dejaremos que la
naturaleza lo haga.”
El argumento de Bartlett
es fascinante. Todo lo que nos han enseñado que es bueno, dice, tiende a
agravar el problema: la maternidad, el avance de la medicina, las medidas
sanitarias, la paz, la ley y el orden, la agricultura científica, la prevención
de accidentes, el aire puro... y todo lo que ayudaría a reducir la población es
terrible: las enfermedades, el aborto, la guerra, la violencia, las hambrunas,
los accidentes, la contaminación y el hábito de fumar... Sin embargo, la opción
es clara: la planificación familiar, por no hablar de quienes prefieren la abstención
lisa y llana, es la única forma de atacar el problema, que es cada vez más
grave, desde un punto de vista humano que tienda a reducir y no a aumentar la
muerte y los enfrentamientos.
La matemática es clara:
si seguimos así, ninguno de los problemas señalados más arriba se resolverá,
sino que todos se volverán más graves. Habrá cada vez menos energía, el
ambiente estará cada vez más contaminado, las guerras serán más frecuentes, el
crimen proliferará aun más y el hambre y la pobreza se multiplicarán.
Attenborough dice que
los gobiernos y las organizaciones medioambientales consideran “tabú” este
tema, y pugna por ponerlo en la mesa de debate: “No he visto jamás un problema
que no sea más fácil de resolver con menos gente, ni más difícil, y en última
instancia imposible, con más.”
Se avecina un cambio
cultural, tal vez el más importante de todos.
Sebastián Lalaurette
redaccion@agenciamp.com.ar
Agencia MP