Tendencias 18-12-2005 – 596 Palabras
(Informática - Educación)
ABRACADABRA POR CIEN DÓLARES
Uno de los vicios tontos y peligrosos de estos tiempos es creer que las soluciones a los problemas están al alcance de la mano, que además pueden ser rápidas y que, si no se ejecutan, es porque hay malas personas a quien debe señalarse como culpables, porque lo impiden.
Dispuestos a acabar de golpe con la ignorancia en el mundo, "One Laptop Per Child" ("Una notebook por chico") surgió en el seno de uno de los grandes centros del saber, el norteamericano Massachusetts Institute of Technology (MIT), que junto con Nicholas Negroponte —astro intocable de la innovación tecnológica y fundador de Media Lab, un riquísimo apéndice del MIT dedicado a la investigación— apuntó a la meta de conseguir una computadora, portátil además, que no costara más de cien dólares.
A partir de un buen diagnóstico, el que dice que gran parte de las calamidades mundiales se debe en mayor o menor medida a la falta de educación, los impulsores del proyecto dedujeron que hay que entregar notebooks a los niños. De tan baratas que serán, se parecerá a regalar lápices. Y después, a dibujar. O a teclear, que dejarán de ser ignorantes.
El efecto mágico "computadora = sabiduría" —que justifican en las teorizaciones de Seymour Papert, también hombre de la casa en el MIT— beneficiará a los países que aún siguen recibiendo el nombre de Tercer Mundo. Y eso incluye, al parecer, a la Argentina, según un relato del (muy en auge) género de la épica chupamedística que Adrián Paenza publicó en Página/12.
La milagrosa máquina de los cien dólares incluye una pantalla de ocho pulgadas, teclado, un procesador de 500 megahertz y viene sin disco rígido (en su lugar, hay una memoria flash de 500 megabytes). El detalle retro-simpático lo da una manivela con la que se le puede dar cuerda, en caso de que no se cuente con baterías o electricidad corriente. Más o menos del mismo modo como se hacía, por delante del radiador, en el Ford T.
Las buenas
intenciones del MIT y Negroponte enseguida chocaron
contra la propia industria informática, que señaló las fallas del programa. El
presidente de Intel dijo que más que de la notebook de los cien dólares, debería hablarse del
"artilugio de los cien dólares", porque no satisfará "las
necesidades de la gente, que busca algo que funcione igual a una PC". Y
sentenció con que lo peor de todo es que "estos artilugios nunca tienen
éxito".
Algo más cerca de la realidad quizás esté el anuncio de la competidora de Intel, AMD, que con la filial brasilera de Teléfonica anunció esta semana una computadora de unos 350 dólares, con muchas más prestaciones y con la navegación por internet como principal función.
Además de surgir muchos interrogantes acerca de qué harían los destinatarios del proyecto con unas computadoras cuyo mantenimiento es distinto al de todas las demás, la ingenuidad de todo radica en que no cualquiera al que le dan un cohete se transforma en Neil Armstrong y llega a la Luna.
Del mismo modo, no tendremos al cabo del tiempo multitud de negropontes en El Cairo, Shangai o Ingeniero Budge.
Difícilmente le pueda sacar el jugo al asunto alguien a quien no se le ha dedicado la primera y más importante etapa de la educación, alguien que no sepa la regla de tres simple, la correlación verbal, por qué las cosas gravitan y desde cuándo existe el mundo como hoy lo conocemos.
Por eso, una vez que les den las computadoras, ¿sabrán que qué hacer con ellas?
Bernardo Sagastume
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